martes, 23 de marzo de 2010

¿Ese es el sentido?


Leo historias ficticias y verdaderas, leo historias de ayer, de hoy y de lo que posiblemente pasará. Leo lamentos, leo alegrías, leo dolor, leo odio, leo críticas, leo decepciones, leo gustos, leo nostalgia. Y entre todas esas lecturas trato de entender cuál es el sentido? El sentido de que yo esté aquí sentada frente a un monitor, y el sentido de que tú estés del otro lado leyendo lo que yo ya escribí.

El sentido de que todos los días despertemos para trabajar, estudiar o simplemente no hacer nada. El sentido sería ser feliz y aprovechar lo que tenemos, pero y si no tenemos nada, y si no se tiene nada. ¿Cuál es el sentido para toda esa gente que no tiene ni siquiera un techo en dónde vivir, unos zapatos qué ponerse, una seguridad en donde caminar tranquilo, una salud en dónde apoyarse y con ella correr sin impedimento.

¿Será que ese sentido que todos buscan a través de sus historias, a través de sus anécdotas, de sus derroches, de sus limitantes no existe? ¿Será el sentido de la vida sólo un invento para justificar lo injustificable, la casualidad, el azar de que hayamos tenido que estar aquí por cadenas interminables de reacciones químicas y caprichos de la naturaleza?

¿Tendrá la misma naturaleza un sentido? Un ¿por qué? No lo creo, la naturaleza sólo es esclava de sus impulsos, de sus reacciones claras pero inexplicables en su origen. ¿Dónde está el sentido? Ese sentido que las religiones y las costumbres culturales tratan de vendernos para paliar la sensación constante de duda, de no pertenencia, de cuestionamiento.

No hay sentido, sólo somos una casualidad, no hay propósito, no hay camino predeterminado, no hay plan, no hay diseño. El hombre ha creído por años ser especial, ha creído tener un sentido pero se ha engañado, sólo somos consecuencia, efectos dispersos, descontrolados, sólo somos entes que hemos intentado encontrarle un sentido a todo esto, a toda esta incongruencia que alguien hace muchos años llamó: vivir.

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